Del 31 de octubre al 2 de noviembre, Quintana Roo se llenó de color, aromas y sonidos durante el festival Janal Pixan.
Una celebración que honra la vida y la muerte desde la raíz de nuestra cultura maya.
Durante tres días, locales y visitantes recorrieron altares, degustaron platillos típicos, como el mucbipollo, y participaron en actividades que evocan la unión entre pasado y presente.
El viernes 31 de octubre, el colorido desfile iluminó las calles con flores, velas y trajes tradicionales. Fue un momento muy especial ver a familias enteras caminar entre música, incienso y sonrisas, en un ambiente de respeto y orgullo por las tradiciones que nos definen.

El presidente municipal, Diego Castañón, quien encabezó el desfile agradeció a todos los tulumnense que hicieron de esta celebración una verdadera muestra de identidad y amor por nuestra tierra. “Cada altar, cuidadosamente decorado, reflejó la esencia de nuestra cultura: la memoria, el amor y la conexión con quienes ya partieron” agregó el edil.
El festejo se extendió a la zona costera de Tulum donde los turistas y curiosos se unieron a celebración creando una amalgama de culturas, donde el Día de Muertos y Halloween se mezclaron con el ritmo de la música conviertiendo la noche en una velada muy especial.
Simultáneamente en Puerto Morelos se vivió una emotiva celebración del Janal Pixan con el festival “Mar de Almas”, una experiencia que unió la espiritualidad maya con la identidad marítima del municipio. La procesión de lanchas y de ánimas iluminó la costa con velas, música y flores, creando un espectáculo frente al mar Caribe. Pescadores, familias y visitantes participaron convirtiendo al muelle en un escenario lleno de simbolismo y respeto por la vida y la muerte.
También se presentó una exposición de catrinas monumentales y una ceremonia maya que mostró la riqueza cultural del joven municipio. Entre cantos, danzas y ofrendas, Puerto Morelos reafirmó su vocación como un destino donde convergen las raíces ancestrales y el espíritu comunitario.
El Janal Pixan en Quintana Roo se consolida como una de las celebraciones más significativas del Caribe Mexicano, donde la espiritualidad maya y la identidad comunitaria se entrelazan para mantener viva la llama de nuestras raíces.